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Entonces

Chico de los suburbios, bien educado (con formación universitaria completa), participa de un proyecto de neto carácter social-documental, con vínculos a su vez en las artes visuales; proyecto denominado “Maloja”. Mal-hoja, mala hoja, hoja mala, cosa mala, desecho, des-hecho de la caña de azúcar. Este proyecto se lleva adelante junto con otros miembros del colectivo “Ojos Testigos”.¿Desde dónde se construye algo con los restos?Imposible hacerlo desde el interior mismo del hecho en cuestión, puesto que ni las manos, ni la espalda, ni el rostro del chico de los suburbios (ahora un hombre maduro) están curtidos, des-hechos por el sol y el rigor del trabajo en el surco cañero.La identificación, la empatía con el obrero, el pelador de caña, con el conflicto social, se produce no desde el contacto real, (ni lo ideológico, si lo analizamos más profundamente, aunque sea políticamente incorrecto admitirlo) sino desde lo afectivo-sensorial-perceptivo. Y esto se traduce en imágenes.¿Se traduce o se reduce? That is the question, my friends.Puede pensarse (están en su derecho quienes así lo hagan) que esta serie de fotos es sólo un mero reduccionismo elegante de un siglo y medio de explotación, marginalidad, segregación y bastardeo de quienes han dejado su vida y su futuro (y el de sus descendientes) de lado definitivamente.¿Debe el hombre maduro suburbano (del fotógrafo hablamos) calzarse un chaleco, botas, su equipo completo e internarse (de interiores hablamos de nuevo) entre los muchachos sudorosos y vencidos a producir imágenes informativas, técnicamente correctas, íntimas y emotivas? Creo que no. A este muchacho no le sale.¿Y cuál es la diferencia con esas otras fotos? El proceso de producción no es el mismo, eso está claro, pero… ¿el resultado?¿Diferencias entre jarros celestes y peladores con el rostro curtido y marrón?¿Que uno es un pedazo de aluminio y otro un ser humano? No estoy muy seguro.Volviendo a nuestro interrogante primero, el abordaje de esta temática se hace desde lo afectivo (siempre) y desde lo sensorial-perceptivo.Entonces, el chico suburbano viajaba desde Concepción a las 6 de la mañana para estudiar algo que no le gustaba demasiado, y entre sueños miraba por la ventanilla del ómnibus y veía sol, tierra, cielo, y una interminable sábana verde (o marrón, según la época), y gente -parecían figuras de plomo, chiquititas- en el medio, y veía cómo con dos movimientos saltaba la caña por un lado y la mal- hoja por el otro, y la sábana no se terminaba nunca, y aparecía una chimenea, y más verde, y más figuritas.El paisaje es lo que me va, porque el paisaje no es sólo el espacio, sino la gente que lo vive y construye constante e infinitamente. Construcción no sólo entendida como algo “up”, o hacia adelante-el progreso, sino también como modificación, ordenamiento, puesta en escena para su visualización y uso. La disposición de elementos dentro del espacio, con fines diversos: Vida-muerte, placer-trabajo, forma-función.O sea, el mismo procedimiento que para la fotografía. Componemos, disponemos en el cuadro los elementos como respuesta a un estímulo perceptivo, y re-componemos el mensaje que a su vez servirá de estímulo a los posibles receptores.Aquí algo de Susan Sontag para entrarle un poco más al asunto:“La fotografía es el inventario de la mortalidad. Las fotografías muestran a las personas allí y en una época específica de la vida, de un modo irrefutable, agrupan gente y cosas que un momento después ya se han dispersado, cambiado, siguen el curso de sus autónomos destinos. Las fotografías declaran la inocencia, la vulnerabilidad de las vidas que se dirigen hacia su propia destrucción, y este vínculo entre la fotografía y la muerte lastra todas las fotografías (…)”.La gente, los ingenios, la explotación burguesa-capitalista, la aniquilación de los sueños, la resistencia, el familiar, los hijos de puta vividores y los obreros que son vividos, está todo ahí, en esa suerte de catálogo minimal de fondo despojado y objetos que conforman el paisaje. Mi paisaje.Creo que la mejor foto es precisamente la de las hojitas verdes alineadas. Si uno las mira bien, son hojas, son la síntesis del cañaveral, una caña al lado de la ota, sábana que no termina. ¿Pero también parecen chimeneas, no? Ahí está lo que yo veía por la ventanilla del ómnibus cuando viajaba “a la ciudad” a estudiar algo que no me gustaba demasiado, y que por supuesto dejé.Y la gente, se preguntarán. ¿Dónde está el compromiso social? (odio estos términos mal usados en boca de algún pelotudo).La gente está por supuesto en esa hoja que a pesar de que uno trate de alinearla derecha, se riza y busca hacer la suya. Como desde siempre, a pesar nuestro.

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